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Encuentro en Vinalesa “La novela romántica”

By | Prensa, Rosana Ample, Vinalesa | No Comments

A principios de año, me propusieron organizar un encuentro entre lectores Valencianos y valencianas, que habían leído mis novelas.

Me pareció una idea fantástica, más bien por que aquí, en Vinalesa es donde coseché mis primeras lectoras. Se trataban de las amigas de mi madre, las cuales entre conversaciones se jactaban de leer narrativa de la buena. Un día mi madre dijo:

-Cuando leáis a mi hija, vais a ver que bello escribe y seguro sus novelas son vuestras favoritas-.

-¿Pero que tu hija escribe?- dijeron…

Y más o menos, así empezó todo. Han pasado 3 años desde entonces y 4 novelas me avalan como autora.

He estado meditando como hilvanar el encuentro, tengo muchas ideas y quisiera que pasáramos una tarde muy entretenida entre tanta amante de la letra.

No quiero desvelar mucho, pero si diré que pretendo hacer una aportación especial en este encuentro. No digo más, solo os invito a que os paséis el próximo Miércoles 27 de abril por el salón de pleno del ayuntamiento de Vinalesa,  alrededor de las 19h ( mejor unos 10 min antes)

Club de lectura

Biblioteca de Vinalesa

http://www.vinalesa.es/va/cultura/event/novella-romantica-rosana-ample

¡Os espero!

Un abrazo.

Rosana Ample

 

 

Encuentro Liberal (III parte)

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Hago una foto en picado desde mi móvil, donde se puede observar el moratón de mi muslo, parte de mi cintura y un turgente pecho. El moratón contrasta con mi blanquecina piel, pero lo mejor de la foto es que se vislumbra parte de mis encantos. Mando la foto a David con el siguiente mensaje: “Querido lobito, mira como magullaste a tu pobre caperucita”.

Dos minutos después mi teléfono suena, Es él que sin dejar que termine de pronunciar un diga me dice: —Dios que cuerpo…que sepas  en cierta parte que suele elevarse y endurecerse,  yo también tengo un moratón caperucita rebelde.

—Pero no me vuelvas a llevar a ese sitio, que me puedo morir del aburrimiento.

—Tranquila Mya, tengo otros planes, vete preparando, en una hora te recojo con mi moto y nos vamos a la playa.

Jamás de los jamases, había subido en una moto e tan basto tamaño. Mi trayectoria en moto, era en la adolescencia y con vespinos de los amigos.

Fui consciente de mi golpe de energía al subir a su Kawasaki, tras  darle un intenso beso. Mi cuerpo subió abalanzado, como si alguien me acabara de pegar un tiro. Pero no le di importancia hasta que volvíamos a casa cando antes de subir en su moto me dijo: —Por favor, sube con  más suavidad, este  cacharro pesa mucho y al antes, al subir por poco pierdo el control y  nos caemos.  Me sentí frágil deseé tomar un tren de cercanías para volver a casa.

Después de una tórrida mañana frente al Sol, bañándonos, trenzando nuestros cuerpos en un cálido tibio  y sereno mar.  Después de atravesar en bikini empedrados  y montañosos caminos, saltar vallas, sentir vértigo y bloqueo  de saltar una altura que a él le parecía un simple escalón, dejar en exposición algún que otro pelo, estría o mollita… pero ese era el atajo para llegar a aquella cala, donde  encontraríamos nuestra intimidad.

Subí a esa moto, siendo consciente de que mi cuerpo imperfecto no había  superado aquella improvisada gincana. Sentí vergüenza de todo lo sucedido y recordé lo segura que me había sentido siendo su amante.

No pudo vencer mi timidez, no era capaz de recordar la situación. Ya que la tierra no me había tragado, fingí ser tragada con mi silencio durante una semana. Necesitaba mi tiempo. Intuí que con David, no habría monotonía, todo serían aventuras, era un actor conocido, ¿qué esperaba? Pensé que nunca más volvería a mi vida, pero no me castigué yendo al gimnasio.

Dos semanas después, cuando de nuevo había almacenados aquellos preciosos  recuerdos  en la caja de m imaginación etiquetado: pamplinas, recibí un ramo de rosas con un sobre.

 

 

“Te espero mañana a las 19:00h en el aeropuerto, quiero que me acompañes a Los Angeles, estaré dos meses rodando y quiero conocerte y que conozcas mi mundo. No te preocupes por la gincana—maleta incluida— hasta el aeropuerto, pienso recogerte  y  llevare  a hombros hasta la puerta de embarque.

 

 

Encuentro Liberal (II parte)

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Sinceramente, no me decepcionaba su sugerencia. Me había hecho a la idea de no esperar nada de él. Mi intenso deseo hacia él, había hecho que me importara poco hacer otra cosa que no fuera sentirle profundamente fundido en mí. Además, aquel comienzo, desestimaba cualquier opción a considerarnos algo más que amantes esporádicos.

No tenía ganas de volver a aquel local liberal, pero si esa era la única forma de estar junto a él, accedería.

— ¡De verdad te apetece volver a tener sexo en esas habitaciones!, ¡Volver a escuchar gemidos ajenos y yacer en colchonetas donde muchos otros destinaron sus deseos!

—No tendremos sexo si tú no quieres Mya. Ya conoces el sitio, tomaremos una copa, yo invito, observaremos y, si nos apetece tendremos sexo. Te he echado mucho de menos, he estado todos estos días cachondo, deseando tu piel, imaginándome tu olor— respondió mientras manoseaba mi entrepierna.—Mya, que bien lo haces, porque no vuelves a hacerme eso en el mientras conduzco, dijo mientras desabrochaba su cremallera con celeridad.

Poco importó que hubiera viandantes, me exhibía tan livianamente  como lo hice en el local. Solo me contuve cuando el apartó mi cabeza de su miembro. —Amor, viene gente, contrólate.

— ¿No te parece divertido? Estamos a escasos metros del local liberal y aquí ¡¡¡debemos mantener las formas!!!

Nos recibió en la entrada la misma joven atractiva de la otra vez, nos reconoció, puesto que no se molestó en enseñarnos las instalaciones ni explicarnos las normas. Una encantadora y sexy camarera vestida con un corsé y las nalgas al descubierto, nos sirvió un gin tonic a cada uno. Ambos hicimos un gesto para brindar y tuve la espontaneidad de decir: —Por diez años más de matrimonio. David disimuló su sorpresa, no tuvo tiempo de reaccionar, puesto que la camarera se adelantó al escuchar y pronunció— ¡Hoy es vuestro aniversario! , ¡Felicidades chicos!

—Gracias guapa, y que sepas que vas tan sexy que mi marido acaba de susurrarme que te pregunte donde te compraste ese modelito que me quiere así en la cocina.

—¡Eso está hecho!, lo hemos adquirido en nuestra propia tienda ubicada en la salida. Aceptamos tarjeta visa y American Express.

—Genial cariño, luego vamos y te compro el que quieras— dijo David.

Inspeccionamos aquel local de lujuria vestidos, recorriendo los recuerdos de nuestra  primera consumación, paseamos por cada habitación ignorando gemidos y cuerpos en cueros.  hasta llegar a aquella terraza en la que exhibimos nuestra fusión.

Era el mismo escenario, sin embargo la gente, al igual que nosotros, estaba vestida.

—Parece que estamos en temporada baja o quizás fue un sueño, pero recuerdo que en esta sala todos estaban desnudos cubiertos con pareos.

—Si eso parece—dijo él—Cariño, fui muy intenso, jamás había disfrutado tanto, me gusta tu cuerpo, tu mente, tu imaginación, tengo un poco de miedo, no sé dónde nos va a llevar esto, pero, quiero que sepas que no solo estamos aquí por sexo.

—Bueno, es nuestro décimo aniversario cielo, creo que es muy lícito conmemorarlo  aquí.

David se acercó a mi oído y susurró—Si hace diez años que nos hemos casado, tenemos dos hijos.

—Una niña y un niño, ella tiene 8 años y el 6—proseguí.

—La niña se llama Stella y el niño Billy— dijo él.

— ¡Billy! ¡Pero que hortera eres!— dije rompiendo en una carcajada. —Pero me parece bien, es un juego. Amor, ¿qué te parece si volvemos a la barra y nos tomamos otra copa?

—Cielo ¿no quieres que nos adentremos en alguna sala oscura y celebremos nuestro décimo aniversario saciándonos de lujuria y deseo?

—No, prefiero estar en la barra y hablar de las últimas trastadas de nuestros hijos, viajas mucho, estás pocos con ellos y te estás perdiendo momentos muy divertidos, a veces tengo que contenerme la risa, porque tenemos dos hijos verdaderamente elocuentes, pero he de ser rígida, de lo contrario me tomarían el pelo. Te lo iré contando mientras te dejo que le veas el precioso culo descubierto a la camarera. Le hemos caído bien, se ha dado cuenta de que somos la típica pareja perfecta.

¿Habrá un tercer encuentro? Quizás sí, pero esta vez, espero hacer algo diferente.

Encuentro liberal Primera Parte

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Nunca pensé que los comienzos empezaran así.

— Tranquila Mya, confía en mí. Es un empresario de gran reputación en Australia ¡Va a ser una cita envuelta en pasiones! Déjate llevar.

Y por una vez, había que darle la razón a Sally. El candidato era una mezcla de George Clooney y Ben Affleck. Los diez años de diferencia, no me impidieron sentir por él una intensa y abrumadora atracción que se manifestó en el primer segundo.

Tardamos dos canciones de jazz en darnos el primer beso, tras el cual no pudimos parar. Mi boca era puro almíbar fundido en la suya, dulce y jugosa como el membrillo. Ni el lugar el ambiente, la ética ni los modales eran motivos firmes para renunciar a que nuestros cuerpos se pasearan por las calles sintiéndonos rozándonos y devorándonos como animales.

Tras varias horas de deseo, coincidimos en algo: nuestros podían ser una perfecta pieza de ensamblaje.

Siempre pensé que lo correcto en una primera cita era no sobrepasar de un beso casto.

Sin embargo, esa noche me aboqué a la desenfrenada pasión que él me provocaba. Nunca sentí tanta hambre de placer, no quería parar.

Él supo que había olvidado mis reglas, mi ética, todo valía. Carecía de pudores. Así que hizo una sugerencia. —Vayamos a un local liberal. Apenas nos conocemos, no habría nada que reprocharse. Si caemos en el sentimentalismo, embozaríamos nuestra selvática pasión. Nunca lo hice y quiero hacerlo.

—Pero en esos sitios, ¿qué pasa? ¿Todos tienen sexo con todos?

—No cariño. Te deseo tanto, que solo te quiero para mí. Cuando entremos, vas a pasar a ser de mi propiedad. Te cuidaré como mi mejor juguete de la infancia. No harás lo que no quieras hacer.

Perdí mis temores por su sutileza y, porque conforme llegábamos al barrio más caro de la ciudad, su sugerencia a cada minuto ganaba más clase y apetencia.

Y ahí, envuelto en chalets de lujo, se encontraba el templo de los liberales. Con sus variantes de salas, su coctelería, discoteca, piscina y jacuzzi. Estaba permitido tener sexo en cualquier recinto. Pero, solamente con tu pareja o con las personas con las que habías entrado por la puerta. Alguien intento poner la mano en mi muslo, pero una mirada de él, frenó sus impulsos. Era bello ver a la gente sin pudores, exhibiéndose sin mostrarse. Sintiéndose normales en su microclima.

Y sin analizar mis estímulos, acabé desnuda, sentada encima de él, en una terraza cubierta por lonas. Miraba en derredor sin ver. A un lado grupos de amigos haciendo bromas, a otro lado dos parejas, parecían relajados y distendidos. Pero nadie nos miraba. Les importaba poco que nuestros cuerpos movieran fundidos en placer. Nadie percibió mi éxtasis, pero yo tampoco les percibí a ellos. Creamos una ventana de cristales tintados, infranqueable en la que solo existíamos los dos.

Al llegar a casa, sentí que todo había transcurrido como una velada normal. Sí, mi subconsciente me engañaba, partir de aquel día, ya nada era lo mismo. Sin embargo, mi cabeza, quería borrar aquel recuerdo.  ¿Por qué me comportaba así?

Recordé entonces aquella dulce despedida en mi calle, dijo que esto era un encuentro fugaz que nunca se repetiría. Su frase quedo tapiada en mi cabeza, bloqueando cualquier recuerdo. Una semana después, mí sexo recordaba las sensaciones vividas; día tras día acariciaba mi cuerpo recordando aquellos momentos de complicidad, protección y deseo

Dos semanas después, cuando mi sexo había acondicionado aquel recuerdo a un producto de mi imaginación, recibí noticias de él. Quería verme, no tardó ni veinte minutos en rescatarme de mi morada.  Subida en su coche, después de comernos a besos, morder nuestras lenguas y oler nuestra piel, pregunté— ¿Qué plan tienes hoy?

—Vamos a ir al mismo sitio— dijo con determinación.

— ¡Otra vez! ¿Crees que vas a encontrarlo de nuevo novedoso?¡ Va a ser más de lo mismo!

¿Cómo algo tan poco convencional y prohibido, podía ser la base y el inicio?

El gran secreto para elegir pareja

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El gran secreto para elegir pareja

Resulta algo inexplicable, algo innato, algo que estoy convencida de que nuestras madres, si pudiesen saber cómo, nos lo quitarían de la cabeza. Pero sucede; es increíble como ancestralmente, sin que nos digan cómo ni porque, desde que somos unas mocosas que jugamos a casarnos con nuestro amiguito de clase y vamos paseando la muñeca con el carrito. Sentimos que algún día, deberemos ser algo de alguien. Pero no solo eso. Además, nos hacemos a la idea de que a ese alguien, habrá que domesticar, si, como si viniera de un zoo, como si fuera el mismo Tarzán…

Por eso, nos gustan tanto los retos cuando nos enamoramos. Por eso aunque encontremos a un niño vestido de hombre, aunque nos reencontremos con el primer amor después de quince años y este siga igual de memo, mordemos la manzana del amor imposible.

Unas células a las que con el permiso de la ciencia las llamo “las células Troya”,  en nuestro interior se despiertan y nos dicen:

—No pasa nada, yo lo salvaré. Yo le ayudaré, yo le haré madurar.

Las células Troya, nos dan al mismo tiempo, coraje, alegría, fuerza, para estar un año y dos y una década educando a esa persona, que a nuestro modo de ver, es el perfecto diamante por pulir…

Pero estas células, tiene sus daños colaterales: Cuando vemos que no pudimos  salvarle, cuando nos damos cuenta de que con cuarenta años, no conseguimos destetarlo de su madre. Cuando nos damos cuenta de que, no hubiera hecho falta invertir tanta delicadeza y dulzura por salvar a aquel imposible…. tienen sus lodos  de aquellos polvos…estas células, dejan a la mujer hecha un trapo y con ella, las células mueren.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que nuestro querido ex…Solo tiene una P. La P de Pringao. Es entonces cuando la mujer se regenera y mira al espejo diciéndose: Para que narices, perdí mi tiempo con aquel P de pringao… ¿Por qué no veía lo que todos veían? ¿Por qué fui tan imbécil?

Y lo peor de todo es que la historia se repite… y se repite…por que por desgracia, esta actitud está grabada en nuestras células desde que la mujer andaba erguida.

Pero llega un día, en el que una aprende que no está para perder el tiempo, que para algo inventaron los juguetes de evasión… es entonces, cuando debe usarse mi remedio infalible:

¿Cómo evitar volver a caer? Además, esas células Troyanas…son sutiles, como las de una ex fumadora o una ex alcohólica, puedes caer de la forma más tonta… Siempre seremos  unas ex troyanas.

Tras haber vivido la experiencia en primera segunda y tercera persona y hacer un profundo escrutinio con mujeres de todas las edades, me permito el placer de compartir con vosotras el gran secreto, si, un gran secreto,¡¡¡ a ver si me hago tan famosa como los que escribieron el secreto!!!  Lo primero de todo: Fuera retos ¡¡¡Olvídate de ser su salvadora y su Madre Teresa!!!!!

Para saber elegir un hombre en nuestra vida debemos ceñirnos a las tres P. El hombre debe cumplir las tres P. (¡no seas malpensada! ¡No voy por ahí!)

La P. de Proveedor: Un hombre debe ser generoso. Mucho más ahora que la mujer está sobradamente preparada para trabajar e incluso ganar más dinero que el hombre. Quédate con esta copla: Un hombre debe invitarte en la primera cita. Si quiere una segunda y tercera cita; más le vale invitarte, porque de no hacerlo: ¿Qué poca generosidad empieza a mostrar? ¿No crees?  Así que si en esa primera cita no te invita…ya sabes cómo será la vida con el… Eso de que, a medias, feminismo….vamos de guay… ¡No, no me vale!

La P. de Protector: A las mujeres nos encanta que nos protejan, que nos cuiden y mimen, nos arropen con una manta si nos quedamos dormidas en el sofá…bueno, chicas, creo que no hace falta que me explaye demasiado en esta P.

La P de Preñador: No os asustéis con esta P. No, no estoy pidiendo que os preñen. Ni mucho menos. De hecho, yo hago el escrutinio con estas tres P´s y no quiero que me preñen. Aquí pretendo hacer hincapié en que no todos los hombres están dispuestos a ser padres, no todos tienen esa sensibilidad y capacidad de querer a un vástago de su sangre. La vida está llena de ejemplos. Seguro que mientras lees esta entrada, viene a tu mente la historia de alguna mujer que tras quedar en cinta, fue abandonada por su pareja, o peor, tras años de convivencia, este desapareció y vivió su vida como si no tuviera hijos.

Bueno, hay que admitir que no solo se valoran las variables Ps. También debemos valorar que nos traten bien, nos respeten,  sean sinceros, divertidos, buenos amantes… La verdad es que todo se complica… Pero creo que una vez hayas diezmado a la célula  Troya, ya no sucumbirás a cualquier reto imposible que te desgaste.

 

 

 

 

 

A veces, por desgracia, vuelven

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Los hombres (a veces por desgracia) siempre vuelven.

Es un libro que leí hace unos años. Con el corazón roto, deseando que aquel poeta volviera…

Y… No volvió.

Sin embargo, este hecho no desvirtuó dicha profecía, más que nada porque nunca ignoré los paréntesis (a veces por desgracia) y en aquel caso, no se cumplía de todo el augurio.

El tiempo, le dio la razón a esta frase.

Mirad, de paso, os voy a dar el lujo de contaros por qué mi novela se titula “sobre las estrellas dibujé mi destino”.

Cuando tenía diecisiete años, estaba locamente enamorada de un chico que vivía fuera de mi provincia. A pesar de mandarnos preciosas cartas (de nuevo me enamoraba por su texto, cosas de escritores) este joven adolescente, pasó de mí de la noche a la mañana, dejando mi corazón roto. Mi deseo frente a las estrellas fue, pedirle que cuando nos hiciéramos mayores, el destino nos uniera accidentalmente.

Cuál fue mi sorpresa dieciséis años después, cuando el señorito en cuestión, se plantó en la puerta de mi casa— según él, iba camino de Murcia y Valencia le pillaba cerca— Yo, que sigo manteniendo mucho de mi adolescencia, estaba hecha un flan con su visita, soñé soñé y seguí soñando en la posibilidad de que fuera mi príncipe azul. Meses después, el destino, me trajo a Barcelona, la ciudad de este señorito. Y pude conocerle, volver a besarle y descubrir, que era una ranita, bueno más bien un sapo asquerosillo.

Pensé en la frase: Los hombres (a veces por desgracia) siempre vuelven.

Y hoy, de nuevo, alguien llamo a mi puerta (bueno a mi perfil de Facebook) Alguien con un alter ego raro y una foto con pocas pistas.

Su mensaje: Cuánto tiempo, que bien te ha tratado la vida.

Justo este otro señorito, fue en su tiempo un hueso que me interesaba roer, hará aproximadamente una década y que me dio calabazas.

Después de una década…una piensa: ¿hijo, a estas alturas? Bueno, nunca es tarde…Aunque mi experiencia me dice, que todo lo del pasado, no es nada bueno.

Es como volver al vómito de aquella primera fatídica borrachera…

Pero en el fondo, a una le da un subidón que no veas…

Así que la teoría de Penelope Parker en su libro. Es real. Ellos siempre (por desgracia) vuelven.

¿Para qué? ¿Para ver que quedó de nosotras? ¿Para ver si todavía pueden re-encender aquellas brasas que dejaron?

¿O quizás lo que les enganchó, fue nuestra intensidad por amar?

Creo que tiene que ver con la forma que ambos sexos adoptamos a la hora de amar o sentir cierta atracción.

Lo que sí sé, es que solo debe quedar como un triunfo, una medalla…Pero nunca como una segunda oportunidad. Porque en el momento en que les abrimos las puertas, estamos deseando mirar atrás. Y obstaculizar nuestro bello camino por explorar.

Pero en fin, da subidón, pensar que después de una década, o casi dos, esas personas quieran hacer chas y aparecer a tu lado (como decía la canción)

Y si encima, sirven de excusa, para el título de una novela…mejor que mejor.

Si me permitís un consejo…no obviéis los paréntesis en cualquier texto.

 

 

 

FELICIDADES PARÁSITO

By | Romantica, Rosana Ample | No Comments

Me considero buena narradora, no acostumbro a trabajar la prosa, pero hay una poesía que escribí hace unos años y le tengo mucho amor.

Dice así:

Felicidades parásito.

Te quiero parásito.

Los parásitos son buenos.

Eres un precioso parásito.

Guapo, dulce, oportunista.

Igual que yo.

 

Fagocitaste a un ser frágil, débil.

Desconocedor de su potente intelecto.

Precioso parásito.

Te debo la vida.

Me fagocitaste.

Me hiciste renacer.

Te has casado.

He sentido pena.

En mi interior me hubiera gustado ser yo;

Y no esa joven de cien kilos

Que habrá tenido problemas en entrar en el vestido.

Hubiera sido una mejor instantánea,

Tú y yo.

 

Ella no sabrá fagocitar.

Te dará lo que yo no te di.

Una vida sencilla.

Será siempre lo que tú digas.

Lo que tú hagas.

Siempre será menos que tú.

Te sigo amando parásito,

Pero no es amor pasional.

Te amo porque te debo mi renacer.

Te debo mi identidad.

Te debo mis dos primeros libros.

Por eso, me inspiras ternura.

Por eso te quiero

Tú de eso no entiendes.

Eres un ser fabuloso.

No sabes amar,

Gran parásito.

Me da tanta pena que no sepas de mi fagocitosis.

Pero no lo digerirías,

Nadie puede ser más que tú.

Por eso,

La elegiste a ella, dos semanas después de mi Adiós.

 

Felicidades parásito.

LA FUERZA DE LA IMAGINACION

By | citas, Historias Chick lit, Relatos, Romantica, Rosana Ample | No Comments

La fuerza de la imaginación

Todos tuvieron compasión por mí el día que me dijeron que mi jefe de proyectos iba a ser Fernando. La mano derecha de mi jefe Roberto Castañeda.

Tenía mucho peso sobre él. Era una confianza ciega la que tenía hacia él.

Cuando mi jefe iba desbordado de trabajo y le llegaban revisiones hechas por Fernando, automáticamente los firmaba sin mirar.  Algo que a otros colegas les horrorizaba, ya que mi jefe miraba con lupa hasta si nos dejábamos una coma.

Yo llevaba trabajando en la empresa menos de un mes. No tenía ni idea de quién era ese tal Fernando.

—Paula, Fernando es un tío muy maniático con los proyectos. Muchos de los interioristas han acabado llorando por culpa de la forma que tiene de gestionar las cosas. Es un ingeniero con muy poco tacto, te suelta cualquier animalada a bocajarro y sin piedad— alertó una de mis compañeras.

No obstante estaba muy segura de mis diseños y de mi calidad como interiorista. Tanto que me importaba poco si intentaban derrumbármelos.

Eran buenos, lo sabía. Me sentía fuerte. En otra ocasión, me hubieran pisoteado como a una cucaracha, pero esta vez, tras haberme curtido en otras empresas, estaba tranquila. Mi confianza profesional, tenía un grado.

Empecé a tener trato con Fernando cada dos semanas, a veces cada mes. Casi siempre le parecían buenos mis diseños y mi forma de trabajar. Automáticamente me olvidé del perfil de verdugo que mis colegas de profesión me habían retratado.

—Paula, ven un momento a mi despacho—dijo mi jefe desde su silla, un viernes mientras salía  dos minutos antes de mi hora, un poco acelerada, puesto que perdía el tren.—Acabo de hablar con Fernando. Dice estar muy contento con tu trabajo. No sabes el peso de encima que me he quitado. Estaba francamente preocupado, sé que Fernando es una persona muy meticulosa, difícil de entender, sin embargo tú le has sabido captar. Felicidades.

Estaba abrumada, ese Fernando era un crack de la ingeniería. Llevaba proyectos muy buenos. Empecé a tener cierta curiosidad por conocerle. Curiosidad que iba creciendo a través de nuestras llamadas telefónicas. Además, Castañeda empezó a darme proyectos más complejos y tuve que comunicarme mucho más con él.

Mi cabeza de mujer soltera empezó a fantasear cuando descubrí que ese tal Fernando estaba soltero,  tenía 38 años y vivía en la misma ciudad que yo.

Mi cabeza montó su propia película. Me imaginé con Fernando cenando, yendo a un concierto de mi banda favorita, saliendo a tomar un coctel por la noche.

E incluso…llegué más allá de una noche romántica… si…empecé a fantasear esa clase de situaciones femeninas…que me dan vergüenza decir…

Y llegó el momento de conocernos. Estaba atacada. Supuse que nos encontraríamos en el despacho, frente a la fría mirada de Roberto, mi jefe. Pero no fue así.

Fernando tenía que tomar el puente aéreo de Madrid Barcelona y me citó para analizar los planos de un nuevo proyecto en una cafetería,  a mitad camino del despacho y del aeropuerto,

No dudé en ponerme mi mejor vestido. Una bata de Chanel color blanca con rebites negros y unos tacones de 8 cm, e incluso, la víspera, visité la peluquería para ponerme guapa y teñirme las canas de mi morena melena.

Iba a conocer a mi príncipe. Aquel que había cortado cabezas a otros de mis compañeros, aquel que había cuestionado la profesión a muchos de mis colegas con más años de experiencia que yo, pobres de aquellas admiradas  viejas ratas de biblioteca, con matrículas de honor. ¡

Qué honor para mí!

Esperé en la puerta de la cafetería, imaginaba a Fernando pasar, con su americana de Balenciaga, asomando unos gemelos de oro blanco de Gucci.

O quizás, con el calor del inicio del verano, vestiría unos pantalones color crudo acompañado de unas náuticas, se engominaría sus rizos hacia atrás.

En el mismo minuto que mis  louboutin  se dirigen a la acera del bar, compruebo que un señor de mediana edad, espera en la misma puerta que yo.

No, ese no es Fernando, imposible que sea él, pienso. No es feo, pero tampoco guapo, no está gordo pero está desgarbado, tiene papada y no es calvo, pero le queda poco pelo.

Pero viene hacia a mí, como si me conociera de siempre y me sonríe.

—¡Paula!, ¿qué tal?—

No sé si mis ojos delatan, pero de repente cayeron al suelo de la plaza de la ermita, aquellas campanas de boda que sonaban en mi cabeza. Moría sin llegar a respirar vida, aquel recién nacido que todavía no sabíamos  exactamente si se parecía al padre o a la madre.

Amanecía con sol quemante aquella tórrida noche de amor, donde saboreábamos el licor de nuestras salivas y acabábamos emborrachándonos de amor.

—Hola Fernando—dije con mi mejor sonrisa mientras entrabamos al bar.

Sin necesidad de tomar aquel café que pedimos en la barra antes de sentarnos. Desperté con dos bofetadas a Paula: la diseñadora de interiores, aquella que nunca sufría de las correcciones de Fernando. Olvidé que llevaba unos louboutin y mi bata de chanel se convirtió en un ejemplar de mercadillo.

Defendí el nuevo proyecto. Mi primer proyecto tras mi ascenso. Fernando seguía siendo el mismo, su voz, su estilo en trabajar, nada había cambiado, esa era la realidad. Su risa era contagiosa y bonita y a pesar de gesticular copiosamente, era encantador.

Esa noche no cesé de nombrarle inconscientemente.

Como si mi Fernando hubiera fallecido.

Fernando….Fernando….ay Fernando… decía mientras el teléfono de la ducha mojaba con agua fría mi ardiente rostro, tratando de despertar los recodos de ese sueño.

…¡que poco te has cuidado durante estos años!…que pena…Fernando… ¿Tan difícil fue esperarme?

Sigo trabajando para Fernando, pero ahora, detrás del auricular, se quién es Fernando y, no le visto de novio ni le coloco al lado del párroco de mi villa ni paseando a un bebé rubio con rizos. Sin embargo sigo sintiendo atracción por sus maneras de trabajar y de expresarse. Me apasiona como dirige su profesión. Y no siento ese dolor de sus ataques, puesto que lo que hago le gusta.

Mi jefe está encantado y me da muchos más proyectos vinculados a él y por ello:

Mi corazón, sigue llorándole su nombre…Ay Fernando…

Pensé que eras tú Fernando, que ya había llegado nuestra hora.

Pero el físico, es un grado.

Lo siento. Lo siento de verdad. Con 38  años Fernando no tiene excusa.

En fin, Fernando, ahora ya lo sabes…No tengo más que decirte.

Bueno si: Fernando: Cuídate, aún tienes arreglo.

Con amor platónico: Paula.

CURRICULUM CITAE

By | Historias Chick lit, Romantica, Rosana Ample | No Comments

Tengo 35 años y soy abogada, de las mejores picapleitos de la ciudad. Tengo un status social bueno, compuesto por un buffet de abogados, un ático en el centro y unos estantes en mi vestidor decorados con de unos cuantos “manolos” y algunos Louboutin.

Siempre pensé que el día que el amor llamara a mi puerta, estaría despistada. Imaginaba la situación como si apeada en un paso de peatones, una preciosa mariposa se posara en mi solapa y, a pesar de avanzar tras la luz verde del semáforo, está no volase y quisiera ser transportada por mis andares de anchas zancadas. —porque siempre llego tarde—. Pero, tras tres años de soledad, me di cuenta de que vivía sugestionada, pendiente de si alguna mariposa volaba cerca.

Resulta un verdadero reto vivir en una ciudad cosmopolita e ir buscando mariposas. Como abogada no está mal ser amiga de lo imposible. Pero ni en el jardín botánico…

Una amiga me abrió un perfil en una página de un portal de internet donde chico busca chica y viceversa. Tras montar en cólera y llamarle de todo menos bonita; me puse a navegar. Creo que acabé entendiendo que me estaba apolillando sin mariposear.

De repente, entendí esa expresión que tanto acuchilla cuando tienes desamor: “El mar está lleno de peces”. Siempre que dicen eso piensas: no, no hay nadie como él, él es único y especial. Pero es así, ¿Cómo no somos conscientes de los peces? Esa página no era un mar; era un océano.

Así que instantáneamente, pasé de mi irritabilidad con mi amiga. Al comprobar que, a merced de ser una mujer atractiva, independiente e inteligente no iba a encontrar el amor bajando a la biblioteca o museo de la ciudad.

En menos de una hora de sumergirme en la red, mi buzón estaba invadido por mensajitos, Dios qué estrés…Acerqué el puntero de mi ratón para abrir las cartas…qué emoción, quién será….chicos calvos, melenas, sonrisas seductoras…y me puse a bucear.

Bajo el mar, todos los peces son preciosos, hasta los tiburones tienen su belleza imponente.

Fui un ser sin prejuicios y les di oportunidades a todos y cada uno de ellos contestándoles de forma artesanal, con mucho cariño y poco cachondeo. Que entre ellos se escondía el padre de mis criaturas.

Fui completamente benevolente y encantadora con aquellos que me saludaban así:

Ola k tal, es verdad, por aquí ahí mucho loco que ba a lo que ba.

 

Aunque con aquel que un día me dijoHaber cuando quedamos, nunca quedé.

Con aquellos cuya fotografía, delataban ser profesores—más que nada porque lo enseñaban todo menos sus partes pudientes— me divertí, lo confieso, pero sin que la sangre llegara al río.

Algo me dejó atónita. A mi lista, se sumaban un gran porcentaje de chicos tenían entre dieciocho y veintitrés años. Ignoré los mails, les contesté en voz alta irritada:

Pero ¿Quién se creen que son para visitar el perfil de una chica de 35 años? ¡No ves que en vez de darte teta, me dan ganas de enchufarte el biberón y acunarte! Y me acordé de la canción de aquel anuncio: PEZQUEÑINES NO GRACIAS, DEBES DEJARLES CRECER. Se creen estos que una está para enseñar…no, no y no. Me niego a aguantar el olor a pezuña del periodo de la pubertad y la eyaculación precoz, que, en esa edad, hay mucha flojera, o eso he oído.

Tras eliminar dichos contactos quedaba alguien de mi generación, ni muy guapo, ni muy feo…parecía majo; Era científico, hacía monólogos, era nuevo en la ciudad, como yo. Hablaba idiomas, como yo. Había vivido en Londres; como yo. Seguro que conversación no nos iba a faltar. Y lo mejor, como yo; era espontaneo y sugirió vernos al día siguiente.

Llamé a mi amiga:

—Vicky, tía, Vicky, ¡Qué fuerte Vicky! ¡¡Tengo una cita!!—le dije a aquella que me había abierto el perfil, y la había llamado de todo menos bonita…

— ¡Pero si te abrí el perfil hace unas horas!

—Vicky, ¡Cuánta razón tenías! ¡Es tan fácil ligar, es tan fácil, y hay tantos peces en el mar! — suspiré llena de paz—Pues claro tonta, y no temas, seguro que encuentras a un intelectual como tú. Ay, señorita remilgos… ¡Quién te ha visto y quién te ve…!

—Bueno te dejo que sigo navegando, mis peces me reclaman, mañana te cuento que tal mi cita.

Mi primera cita fue un domingo, a las doce, para tomar un Brunch en el ensanche.

A pesar de mis grandes expectativas y una agradable charla de unas tres horas; carecía la magia y la química. Y eso que tuvo su encantó que tomara mi servilleta y me limpiará ese resto de leche seca que se había posado en la comisura de mi boca. Bonito detalle, aunque embarazoso, menos mal que no habíamos quedado para cenar en una marisquería, no me quiero imaginar hablando mientras chupo la cabeza de una gamba.

Me despedí tras un hasta muy pronto, qué a gusto he estado…sí, esas cosas…correctas. Cuando me alejé de él, agaché mi cabeza y llamé a Vicky decepcionada.  En el fondo, por muy buen conversador que fuese, no me ponía…y si un tío no me pone…no sigo.

Tres días después, mi primer contacto, quería un segundo encuentro. Y por lo visto, entendía lo que significaba original. Me mandó el siguiente mensaje por whatsapp:

“¿Tienes planes para cenar el sábado? Hay un restaurante etíope por el barrio que hace tiempo que quiero probar. ¿Te apuntas?”

He de reconocer que después de años sin citas, me sentí princesa por un día. Recordaba las veces que me había imaginado en mi próxima cita, en una preciosa terraza de las ramblas, con mi vestido negro de topitos blancos y escote de vértigo, mi cabello recogido de peluquería y mis zapatos…  ¡Una cita! ¡Es la primera vez después de tres años que tengo una cita! —Grité.

***

Minutos después, la palabra cita, dejaba de tener magia por culpa de la palabra etíope. ¿Etíope?

Tenía que pensar muy bien qué decir. No me imaginaba besándome con él y recordaba que en el brunch habíamos pagado a medias, así que encima de comer como los etíopes, tenía que pagar yo, y seguro que al despedirnos, me pondría ojos de borrego pidiéndome un beso que no quería dar…y como me diera pena y le besara…Qué catástrofe.

Tuve que ser fiel a mí misma y rechazar la invitación. Ese chico, no me ponía. ¿Cómo le digo que no? Estuve todo el día pensando el argumento….y di con la respuesta:

Qué gustos los tuyos

¡¡¡Un etíope!!!! ¿Pero los etíopes comen?¡¡¡Porque yo en la tele los veo bien desnutridos!!!

A pesar del comentario tan poco sutil, mi primer ligue volvió a la carga sutilmente hasta cansarse. Mientras, yo, ya tenía mi segundo ligue.

Había dicho que pezqueñines no gracias…pero no tenía 19, era el hermano mayor de los pezqueñines. Tenía 27.

Tras su cordial mensaje de presentación, afloró la vieja que vive en mí y le dije:

Hola

Perdona, pero ¿has visto mi edad?

Claro que había visto mi edad, estaba en mi perfil. Pensaría que era tonta. Aun así, perdoné mis traspiés. Hablamos, era un tío interesante, a sus 27, ya había dado la vuelta al mundo en una mochila y se había montado su propia empresa y también, se había arruinado y ahora ni paro ni nada…

Es increíble la cantidad de información que rescatas navegando. Cada pez tiene una historia digna de una novela. Pensé en mi amiga la escritora, tendría que hacerle un informe, este material era oro para ella.

No hace falta mencionar a los casados a punto de divorciarse que necesitaban conocer a alguien por las redes para sentir el impulso de dejar a su esposa.

Dejé de chatear con el de 27, porque me acordaba de mi primo que tiene la misma edad y no solo le había visto nacer. Si no que recordaba cómo le acariciaba a mi tía la barriguita cuando estaba en cinta.

También descarté a muchos otros que tenían algo en común con el anterior y no era la edad; todos estaban en el paro. Claro Raquel, estamos en crisis. No solo hay crisis de amor, también existe la crisis laboral…

Así que después de navegar, bucear y sentir que estaba sumergida en un pozo, medité. Me acordé de mí, de quien verdaderamente soy. Soy de las que cree en la química. Tengo la certeza absoluta de que antes de salir de casa tengo el garantizado pálpito de que entre los dos estallará la pasión.

Había que afinar un poco la pesca. Estaba harta de pescar peces, mejillones y medusas con o sin pedigrí. Tenía que hacerme con un CURRICULUM CITAE para atinar con las citas. Esta disciplina, muy a mi pesar, al igual que encontrar trabajo, queda relegada a la red de internet.

Edité un CURRICULUM CITAE que decía así:

 

“Soy abogada, me gano muy bien la vida. Soy adicta al trabajo a las compras, los museos y la buena mesa. También me gusta el deporte, aunque lo practico poco. Llevo tres años sin tener una relación estable.
Estoy un poco desanimada. No es fácil encontrar a alguien… no me está siendo fácil…Del trabajo a casa, de casa al trabajo. Mis amigas solteras me recomendaron esto y aquí estoy…
Si eres sano, inteligente, simpático, independiente, te gusta hacer reír y sobre todo buscas algo serio… puede que nos llevemos bien.

Abstenerse los que buscan un revolcón, o cometen de forma compulsiva faltas de ortografía.
No me gusta la comunicación que existe ahora. Es fantástica a nivel comercial, pero a nivel personal, ha cambiado todo mucho. Echo de menos las llamadas telefónicas de forma imprevisible. Ahora todo va por whatsapp y si de repente alguien rompe el hilo del whatsapp y te llama, parece que te está pidiendo matrimonio.”

El nivel de visitas bajó, eso significaba que el CURRICULUM funcionaba.

Un pez muy guapo tuvo la osadía de saludarme.

— ¿Has visto mi perfil? —Le dije

—Sí, Veo que eres inteligente Raquel.

—Dame tu teléfono, hablaremos.

Esa espontaneidad me conmovió, y sumó puntos. Su voz era agradable. Y la conversación tuvo la fluidez de dos horas.

Al día siguiente volvimos a hablar y la conversación fue tan especial, que, a pesar de ser las doce de la noche, decidimos encontrarnos esa misma noche. Me recogería en la avenida principal más cercana a mi casa.

Me arreglé con rapidez y me pasé la cuchilla por un sitio poblado que de nuevo pronto dejaría de ser virgen. Saqué del cajón aquellas braguitas de “La Perla” que todavía llevaban la etiqueta colorada con el descuento por las rebajas pos navideño. Me pulvericé de colonia hasta en la entrepierna y salí a su encuentro.

Cuál fue mi asombro al verle llegar. Mi pez navegaba con un descapotable de tapicería de cuero blanca y era mucho más atractivo que en las fotografías.  Su plan era llevarme a un parque en la parte alta de la ciudad, pero antes, con esa espontaneidad que me sedujo, se apeó en un bar, para comprar dos helados que tomaríamos mientras observábamos desde su descapotable las estrellas.

Estaba impresionada. De repente, mi pez, hizo algo especial:

—Espera, antes de que baje a por los helados, toma esto, es un spray de defensa, por si alguien te ataca mientras los compro.

Automáticamente visualicé una pantalla que decía: Enhorabuena pez, ha ganado 100 puntos, siga así.

Mi pez tardaba en comprar los helados, me dio tiempo a mandarle un whatsapp a Vicky y adelantarle un titular. Mientras tanto, observé que mi pez, había dejado las llaves del coche puestas. Se fiaba de mí, no temía que fuera una loca que pudiera robarle ese descapotable y dejarlo plantado con sus helados derritiéndose.  Sí, eso eran 100 puntos más. Esto iba bien.

Esa noche fui su sirena, me besó acarició y antes de acabar revolcándonos en el coche, le invité a que subiera a mi casa.

¡Por fin tenía sexo! No era buen sexo, quizás un poco descompasado, pero, las primeras veces, no son demasiado increíbles.

Pasamos toda la semana como tortolitos, me pidió que dejara de bucear por la red, que ya había pescado algo bueno. Yo, le obedecí. Que un hombre, que solo has visto una noche te pida fidelidad, es un plus.

El siguiente encuentro parecía ser espectacular. Tras desearnos durante semanas, seguro que se dispararían fuegos artificiales en mi alcoba. Y como habíamos empezado la casa por la ventana, decidimos hacer las cosas bien y tener aquella cita idílica que tanto soñaba.

Empezaba a imaginarme en unos días, presumiendo de novio frente a mis amigas. Alguna de ellas, ya casada y con hijos, fantasearía con montárselo con mi chico y yo, sabiéndolo, le haría los dientes largos dándole detalles de lo dotado que está.

Mi pez volvió a recogerme con su descapotable, vestido con marcas desde los pies a la cabeza. Estaba tan guapo…

La cena, fue en una terraza del casco antiguo. De repente, algo me incomodó; observé que miraba los precios y elegía lo más barato, además el camarero nos ofrecía pan y no solo tuvo la osadía de rechazar el pan, sin consultarme, sino que, comentó: —Es que son unos pícaros, te ofrecen pan y luego te cobran un  suplemento.

Los puntos en la pantalla llena de colores de neón empezaron a bajar. Y siguieron descendiendo cuando llegó la cuenta y verbalizó sin miedo:

—Salimos a treinta euros por barba.

Bueno, gano dinero, soy una mujer independiente, no queremos feminismo…pues toma feminismo.

Tras la cena, paramos en la heladería, yo no tenía antojo de helado, pero le acompañé, sería digestivo y romántico tomar esos helados apeados en la fuente, frente la catedral.

—Amor, puedes pagar tú, no llevo suelto y no voy a sacar la American Express.

Esto me empezaba a disgustar, pero quería que la noche acabara, confiaba en que durante lo que quedaba de velada, iría teniendo algún detalle para volver a su puntuación inicial.

Ya en mi alcoba, mi pez intentó ser tierno, tener tacto y darme el mejor placer que jamás había conocido, pero no fue así. Éramos incompatibles en el sexo y por mucho meneito y aguante por su parte, llegó un momento en el que asqueada, y me daba igual llegar al orgasmo. Le pedí que parara, que se concentrara en su propio placer, que yo no iba a llegar.

Mi pez me miró con cara inquisitiva, como si yo no fuera de este planeta. Algo no iba bien, lo supe cuando dejamos de hablar y nos dormimos. Mi pez se dio media vuelta, no me arropó con sus brazos, ni me acarició o dio un beso de buenas noches. Paulatinamente empezó a respirar fuerte y más fuerte y más fuerte…Yo miraba al techo, miraba a un lado, le veía a él, después miraba el cajón de mi mesilla. Ahí estaba mi consolador, mi fiel amigo durante estos años, con él siempre llegaba…Mi sexo pedía un masaje. Algo había quedado incompleto. Pensé; Quizás si me hago un masaje, me entra el sueño. Total, él está dormido, no creo ni que se entere y si se entera, pues que finalice el… Y así lo hice, pero quien finalizó, fui yo.

Tras mi masaje, seguía sin conciliar el sueño, la luz del sol empezaba a filtrase por mis cortinas. Asqueada de escuchar sus respiros y bufidos, me levanté y me dirigí al sofá donde jugué con el mando a distancia—Cambiando canales.

Esto no iba a funcionar. No sabía cómo decirlo, pero esto estaba ya acabado.

No tuve coraje de confesarle mis pensamientos. Como una buena anfitriona, le preparé un sustancioso desayuno, e incluso tras la digestión de este, volvimos a la cama a intentar algo parecido a la noche anterior.

Todo fue igual. Incompatibilidad sexual compulsada.

Unas horas después de despedirnos, me uní a ese grupo de gente, que detesto que se deja o humilla o confiesa por whatsapp, diciéndole:

—La verdad, es que he tenido mejor sexo en muchas otras ocasiones.

Mi pez se sintió atacado, con su ego herido, montó en cólera, comenzó a humillarme a decir que él también, además, empezó a redactarme ejemplos de sexo en un ascensor e incluso en plena calle… Dijo que yo era una frígida, que había escuchado el sonido de mi vibrador aquella noche y le había decepcionado sobremanera.

Sentí pena por haberme ilusionado por haber creído que por fin hallaba la ecuación del amor.

Esa misma noche, recordando que el mar estaba lleno de peces, volví a navegar por la red, para mi alivio…ya había tenido mi dosis de sexo…

Pero entonces, mirando la pantalla pensé: ¿A quién saludo? ¿Con quién debo de sentirme motivada? Desde entonces hasta hoy, el ritmo de navegación por las redes, empieza a bajar. No tengo ganas de citas. Ni de estrenar vestidos, ni de intuir quien pagaría la cena, ni  de declarar el sexo como juicio final a las relaciones.

Ahora me siento como en una perfumería después de haber olido cuantiosos perfumes. Ando mareada, ya no identifico el olor a amor, el olor a erotismo… ¿Cómo era el perfume del fantasma? Me he confundido, he adquirido el Eau de fantoche pensando que era el AcqailAmore. Dije a todas mis amigas que este perfume era AcqailAmore…cuando se trataba de Eau de Le Fantoche. Ando perdida con tantos nombres, con tantos perfiles. He jugado desde casa a dos bandas, tres bandas y a veces cinco bandas. Tonteando, contándole mis cosas a cada uno de ellos. Cada día mi hocico se volvía más sabueso y daba con las ecuaciones para formar parte de mi corazón.
¿Eres guapo?, mente vacía y superficial. ¿Eres inteligente?, pero tú rostro o cuerpo es imperfecto, o no se solapa con el mío. ¿No tienes trabajo?, pues no me interesa compartir una sola palabra contigo. Pero, ¿Es así como se hacen las cosas?

Creo que, dentro de 10 años, los universitarios, estudiaran el triste caso de las mujeres bellas e independientes, eternamente solteras que con la crisis del Siglo XXI vivieron otra crisis; la del amor. Se reirán de aquellos ingenuos abuelos que les relatan cómo antiguamente, se ligaba en la calle, en la cola para sacarse el DNI o en la discoteca. Y como, llamaban a casa de sus padres, porque no existía el móvil.

Ahora sé hacer muy bien una cosa y quizás comience a lucrarme de ello; ¿una patente?, ¿un servicio adicional? Sí. Tras mi experiencia ha nacido: “EL CURRICULUM CITAE”.

Así que damas, explíquenme sus necesidades, pero no me pidan sugerencias. He perdido el olfato y las ganas de seguir olfateando

Por que también hay que saber presentarse antes de una cita.
Ilustracion: Ilustración: Girl,de Diego Fernandez

 

¡Bienvenidos!

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Quien me conoce sabe que esta web es la tercera web que creo. Mi evolución constante me ha obligado a regenerar y re inventarme. Es fresco y sanador reinventarse.

Suelo publicar los jueves mi Roseltter. Pero para los que acaban de llegar, aquí tienen el contenido de mi primera Roseletter:

¿ERES VULNERABLE?

En la Roseletter, voy a hablar de las cosas que hacen que mi corazón lata a un ritmo que hace que pueda vibrar muy alto. Me sacaré el corazón y lo diseccionaré os contaré mis debilidades y fortalezas. Igual diré cosas que no entenderéis y me tomareis por loca, quizás con los días, descubras que las Roseletter no te dicen nada… Bueno, siempre estarás a tiempo de bajar del barco. Pero lo que, si tengo claro, es que quiero ser yo, no quiero copiar a nadie ni hacer lo que hacen otros, pues eso me dejaría muy vacía.

Así que hablaremos de pasiones, emociones y sentimientos. ¿Mola? Pero sobre todo hablaré de cosas que me han dolido y que me han hecho más fuerte. Hace poco le dije a mi madre que le faltaba tener algo más de sentido del humor, que debería comenzar a entender mis sarcasmos y no puntualizarlos como actitud rebelde. Ella, como muchas otras personas no lleva bien las críticas. En aquel momento, yo me sentí una marisabidilla y ahora, medito y me veo reflejada en ella hace unos años.

 

Hay una palabra que me vino a la mente y vine corriendo a darle a la tecla: Vulnerabilidad. Antes de que me presentaran a esta palabra, yo ya era extraordinariamente vulnerable y no quiero decir con esto, que haya humanos que no lo sean, que sí, lo somos todos, pero hay personas que tapan la vulnerabilidad con capas y más capas.

Es como que está mal visto ser sensible. Yo era de esas niñas que siempre se enfadaba con las amigas, pues frecuentemente se sentía atacada u ofendida. Llegó un momento en el que sentí que lo mío no era normal, que no podía estar siempre molesta con la gente. Así que me desconecté. Dejé de salir con las amigas, dejé de disfrutar de la noche estival, de las tardes de copas y parchís y sobretodo, me cerré a conocer a gente.

Sentí miedo de la gente. De no saber gestionarles.

Porque Rosana—quien la conoce bien lo sabe— es transparente, enseguida, sin darme cuenta, saco la cara de asco, yo ni me entero, y a veces finjo, pero la cara es el espejo del alma.

El hecho de ser hipersensible, ha hecho que siempre me cierre a la gente como una almeja.

Te extraña verdad, no se asemeja a la Rosana “pública”.

Pero es lo que tiene ser hipersensible, vulnerable y diferente.

Mientras tecleo toda esta retahíla, me doy cuenta de que ya no soy esa que se describe. Por eso mismo, pero, aun así, como ha sido un tema que me ha costado décadas de trabajar, está bien ahora confesarse.

Hará unos meses, yo creo que todo me viene a raíz de la cuadratura de Plutón y que las de mi generación del 78 y 79 la deben de sentir igualmente.  Ahí, en ese caso, maduramos emocionalmente sí o sí. Llegué a alcanzar la madurez emocional. Seguro que muchos de vosotros, habréis alcanzado esta madurez mucho antes que yo, bueno, ¡una no puede llegar puntual a todo!

Con mi madurez emocional—además de decidir no a ser fumadora social— aprendí a que me la sudara todo bastante. El problema es que hay gente que madura emocionalmente nada más aprender a gatear y hay otras…que llegan tarde. Pero eso no nos hace más torpes ni más bobas. Madurar tarde, tiene sus ventajas, te permite homenajearte con momentos de rebeldía y muchas cosas más. El único inconveniente es que los demás te ven rara,

Vivimos rodeados de otros seres —humanos y no humanos—, así que relacionarnos ha sido siempre una actividad que hemos tenido que realizar tanto por placer como por obligación, porque, como mínimo, relacionarse es tarea de dos (aunque eso, paradójicamente, te incluye a ti contigo misma). Pero cuando sufres un cambio real en tu Vida Interior hay dos señales que te lo confirman. La primera es que durante un tiempo te sientes extraña, como si fueras otra persona. La segunda es que probablemente te empieces a dar cuenta de que algunas —o muchas— de las relaciones que tenías ya no te funcionan.

Y ahí es cuando empiezas a SER FIEL A TI MISMA. Verdad que suena súper sencillo y muchas diréis, Rosana, hija, que eso es básico.  Si es que hay muchos que nacen ya con el pan debajo del brazo, pero con el embutido aliñado y todo.

 

Esta fue mi primera Roseletter. Si te gusta lo que cuento… Te puedo ir contando cada jueves

Un abrazo

Rosana Ample