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Tengo 35 años y soy abogada, de las mejores picapleitos de la ciudad. Tengo un status social bueno, compuesto por un buffet de abogados, un ático en el centro y unos estantes en mi vestidor decorados con de unos cuantos “manolos” y algunos Louboutin.

Siempre pensé que el día que el amor llamara a mi puerta, estaría despistada. Imaginaba la situación como si apeada en un paso de peatones, una preciosa mariposa se posara en mi solapa y, a pesar de avanzar tras la luz verde del semáforo, está no volase y quisiera ser transportada por mis andares de anchas zancadas. —porque siempre llego tarde—. Pero, tras tres años de soledad, me di cuenta de que vivía sugestionada, pendiente de si alguna mariposa volaba cerca.

Resulta un verdadero reto vivir en una ciudad cosmopolita e ir buscando mariposas. Como abogada no está mal ser amiga de lo imposible. Pero ni en el jardín botánico…

Una amiga me abrió un perfil en una página de un portal de internet donde chico busca chica y viceversa. Tras montar en cólera y llamarle de todo menos bonita; me puse a navegar. Creo que acabé entendiendo que me estaba apolillando sin mariposear.

De repente, entendí esa expresión que tanto acuchilla cuando tienes desamor: “El mar está lleno de peces”. Siempre que dicen eso piensas: no, no hay nadie como él, él es único y especial. Pero es así, ¿Cómo no somos conscientes de los peces? Esa página no era un mar; era un océano.

Así que instantáneamente, pasé de mi irritabilidad con mi amiga. Al comprobar que, a merced de ser una mujer atractiva, independiente e inteligente no iba a encontrar el amor bajando a la biblioteca o museo de la ciudad.

En menos de una hora de sumergirme en la red, mi buzón estaba invadido por mensajitos, Dios qué estrés…Acerqué el puntero de mi ratón para abrir las cartas…qué emoción, quién será….chicos calvos, melenas, sonrisas seductoras…y me puse a bucear.

Bajo el mar, todos los peces son preciosos, hasta los tiburones tienen su belleza imponente.

Fui un ser sin prejuicios y les di oportunidades a todos y cada uno de ellos contestándoles de forma artesanal, con mucho cariño y poco cachondeo. Que entre ellos se escondía el padre de mis criaturas.

Fui completamente benevolente y encantadora con aquellos que me saludaban así:

Ola k tal, es verdad, por aquí ahí mucho loco que ba a lo que ba.

 

Aunque con aquel que un día me dijoHaber cuando quedamos, nunca quedé.

Con aquellos cuya fotografía, delataban ser profesores—más que nada porque lo enseñaban todo menos sus partes pudientes— me divertí, lo confieso, pero sin que la sangre llegara al río.

Algo me dejó atónita. A mi lista, se sumaban un gran porcentaje de chicos tenían entre dieciocho y veintitrés años. Ignoré los mails, les contesté en voz alta irritada:

Pero ¿Quién se creen que son para visitar el perfil de una chica de 35 años? ¡No ves que en vez de darte teta, me dan ganas de enchufarte el biberón y acunarte! Y me acordé de la canción de aquel anuncio: PEZQUEÑINES NO GRACIAS, DEBES DEJARLES CRECER. Se creen estos que una está para enseñar…no, no y no. Me niego a aguantar el olor a pezuña del periodo de la pubertad y la eyaculación precoz, que, en esa edad, hay mucha flojera, o eso he oído.

Tras eliminar dichos contactos quedaba alguien de mi generación, ni muy guapo, ni muy feo…parecía majo; Era científico, hacía monólogos, era nuevo en la ciudad, como yo. Hablaba idiomas, como yo. Había vivido en Londres; como yo. Seguro que conversación no nos iba a faltar. Y lo mejor, como yo; era espontaneo y sugirió vernos al día siguiente.

Llamé a mi amiga:

—Vicky, tía, Vicky, ¡Qué fuerte Vicky! ¡¡Tengo una cita!!—le dije a aquella que me había abierto el perfil, y la había llamado de todo menos bonita…

— ¡Pero si te abrí el perfil hace unas horas!

—Vicky, ¡Cuánta razón tenías! ¡Es tan fácil ligar, es tan fácil, y hay tantos peces en el mar! — suspiré llena de paz—Pues claro tonta, y no temas, seguro que encuentras a un intelectual como tú. Ay, señorita remilgos… ¡Quién te ha visto y quién te ve…!

—Bueno te dejo que sigo navegando, mis peces me reclaman, mañana te cuento que tal mi cita.

Mi primera cita fue un domingo, a las doce, para tomar un Brunch en el ensanche.

A pesar de mis grandes expectativas y una agradable charla de unas tres horas; carecía la magia y la química. Y eso que tuvo su encantó que tomara mi servilleta y me limpiará ese resto de leche seca que se había posado en la comisura de mi boca. Bonito detalle, aunque embarazoso, menos mal que no habíamos quedado para cenar en una marisquería, no me quiero imaginar hablando mientras chupo la cabeza de una gamba.

Me despedí tras un hasta muy pronto, qué a gusto he estado…sí, esas cosas…correctas. Cuando me alejé de él, agaché mi cabeza y llamé a Vicky decepcionada.  En el fondo, por muy buen conversador que fuese, no me ponía…y si un tío no me pone…no sigo.

Tres días después, mi primer contacto, quería un segundo encuentro. Y por lo visto, entendía lo que significaba original. Me mandó el siguiente mensaje por whatsapp:

“¿Tienes planes para cenar el sábado? Hay un restaurante etíope por el barrio que hace tiempo que quiero probar. ¿Te apuntas?”

He de reconocer que después de años sin citas, me sentí princesa por un día. Recordaba las veces que me había imaginado en mi próxima cita, en una preciosa terraza de las ramblas, con mi vestido negro de topitos blancos y escote de vértigo, mi cabello recogido de peluquería y mis zapatos…  ¡Una cita! ¡Es la primera vez después de tres años que tengo una cita! —Grité.

***

Minutos después, la palabra cita, dejaba de tener magia por culpa de la palabra etíope. ¿Etíope?

Tenía que pensar muy bien qué decir. No me imaginaba besándome con él y recordaba que en el brunch habíamos pagado a medias, así que encima de comer como los etíopes, tenía que pagar yo, y seguro que al despedirnos, me pondría ojos de borrego pidiéndome un beso que no quería dar…y como me diera pena y le besara…Qué catástrofe.

Tuve que ser fiel a mí misma y rechazar la invitación. Ese chico, no me ponía. ¿Cómo le digo que no? Estuve todo el día pensando el argumento….y di con la respuesta:

Qué gustos los tuyos

¡¡¡Un etíope!!!! ¿Pero los etíopes comen?¡¡¡Porque yo en la tele los veo bien desnutridos!!!

A pesar del comentario tan poco sutil, mi primer ligue volvió a la carga sutilmente hasta cansarse. Mientras, yo, ya tenía mi segundo ligue.

Había dicho que pezqueñines no gracias…pero no tenía 19, era el hermano mayor de los pezqueñines. Tenía 27.

Tras su cordial mensaje de presentación, afloró la vieja que vive en mí y le dije:

Hola

Perdona, pero ¿has visto mi edad?

Claro que había visto mi edad, estaba en mi perfil. Pensaría que era tonta. Aun así, perdoné mis traspiés. Hablamos, era un tío interesante, a sus 27, ya había dado la vuelta al mundo en una mochila y se había montado su propia empresa y también, se había arruinado y ahora ni paro ni nada…

Es increíble la cantidad de información que rescatas navegando. Cada pez tiene una historia digna de una novela. Pensé en mi amiga la escritora, tendría que hacerle un informe, este material era oro para ella.

No hace falta mencionar a los casados a punto de divorciarse que necesitaban conocer a alguien por las redes para sentir el impulso de dejar a su esposa.

Dejé de chatear con el de 27, porque me acordaba de mi primo que tiene la misma edad y no solo le había visto nacer. Si no que recordaba cómo le acariciaba a mi tía la barriguita cuando estaba en cinta.

También descarté a muchos otros que tenían algo en común con el anterior y no era la edad; todos estaban en el paro. Claro Raquel, estamos en crisis. No solo hay crisis de amor, también existe la crisis laboral…

Así que después de navegar, bucear y sentir que estaba sumergida en un pozo, medité. Me acordé de mí, de quien verdaderamente soy. Soy de las que cree en la química. Tengo la certeza absoluta de que antes de salir de casa tengo el garantizado pálpito de que entre los dos estallará la pasión.

Había que afinar un poco la pesca. Estaba harta de pescar peces, mejillones y medusas con o sin pedigrí. Tenía que hacerme con un CURRICULUM CITAE para atinar con las citas. Esta disciplina, muy a mi pesar, al igual que encontrar trabajo, queda relegada a la red de internet.

Edité un CURRICULUM CITAE que decía así:

 

“Soy abogada, me gano muy bien la vida. Soy adicta al trabajo a las compras, los museos y la buena mesa. También me gusta el deporte, aunque lo practico poco. Llevo tres años sin tener una relación estable.
Estoy un poco desanimada. No es fácil encontrar a alguien… no me está siendo fácil…Del trabajo a casa, de casa al trabajo. Mis amigas solteras me recomendaron esto y aquí estoy…
Si eres sano, inteligente, simpático, independiente, te gusta hacer reír y sobre todo buscas algo serio… puede que nos llevemos bien.

Abstenerse los que buscan un revolcón, o cometen de forma compulsiva faltas de ortografía.
No me gusta la comunicación que existe ahora. Es fantástica a nivel comercial, pero a nivel personal, ha cambiado todo mucho. Echo de menos las llamadas telefónicas de forma imprevisible. Ahora todo va por whatsapp y si de repente alguien rompe el hilo del whatsapp y te llama, parece que te está pidiendo matrimonio.”

El nivel de visitas bajó, eso significaba que el CURRICULUM funcionaba.

Un pez muy guapo tuvo la osadía de saludarme.

— ¿Has visto mi perfil? —Le dije

—Sí, Veo que eres inteligente Raquel.

—Dame tu teléfono, hablaremos.

Esa espontaneidad me conmovió, y sumó puntos. Su voz era agradable. Y la conversación tuvo la fluidez de dos horas.

Al día siguiente volvimos a hablar y la conversación fue tan especial, que, a pesar de ser las doce de la noche, decidimos encontrarnos esa misma noche. Me recogería en la avenida principal más cercana a mi casa.

Me arreglé con rapidez y me pasé la cuchilla por un sitio poblado que de nuevo pronto dejaría de ser virgen. Saqué del cajón aquellas braguitas de “La Perla” que todavía llevaban la etiqueta colorada con el descuento por las rebajas pos navideño. Me pulvericé de colonia hasta en la entrepierna y salí a su encuentro.

Cuál fue mi asombro al verle llegar. Mi pez navegaba con un descapotable de tapicería de cuero blanca y era mucho más atractivo que en las fotografías.  Su plan era llevarme a un parque en la parte alta de la ciudad, pero antes, con esa espontaneidad que me sedujo, se apeó en un bar, para comprar dos helados que tomaríamos mientras observábamos desde su descapotable las estrellas.

Estaba impresionada. De repente, mi pez, hizo algo especial:

—Espera, antes de que baje a por los helados, toma esto, es un spray de defensa, por si alguien te ataca mientras los compro.

Automáticamente visualicé una pantalla que decía: Enhorabuena pez, ha ganado 100 puntos, siga así.

Mi pez tardaba en comprar los helados, me dio tiempo a mandarle un whatsapp a Vicky y adelantarle un titular. Mientras tanto, observé que mi pez, había dejado las llaves del coche puestas. Se fiaba de mí, no temía que fuera una loca que pudiera robarle ese descapotable y dejarlo plantado con sus helados derritiéndose.  Sí, eso eran 100 puntos más. Esto iba bien.

Esa noche fui su sirena, me besó acarició y antes de acabar revolcándonos en el coche, le invité a que subiera a mi casa.

¡Por fin tenía sexo! No era buen sexo, quizás un poco descompasado, pero, las primeras veces, no son demasiado increíbles.

Pasamos toda la semana como tortolitos, me pidió que dejara de bucear por la red, que ya había pescado algo bueno. Yo, le obedecí. Que un hombre, que solo has visto una noche te pida fidelidad, es un plus.

El siguiente encuentro parecía ser espectacular. Tras desearnos durante semanas, seguro que se dispararían fuegos artificiales en mi alcoba. Y como habíamos empezado la casa por la ventana, decidimos hacer las cosas bien y tener aquella cita idílica que tanto soñaba.

Empezaba a imaginarme en unos días, presumiendo de novio frente a mis amigas. Alguna de ellas, ya casada y con hijos, fantasearía con montárselo con mi chico y yo, sabiéndolo, le haría los dientes largos dándole detalles de lo dotado que está.

Mi pez volvió a recogerme con su descapotable, vestido con marcas desde los pies a la cabeza. Estaba tan guapo…

La cena, fue en una terraza del casco antiguo. De repente, algo me incomodó; observé que miraba los precios y elegía lo más barato, además el camarero nos ofrecía pan y no solo tuvo la osadía de rechazar el pan, sin consultarme, sino que, comentó: —Es que son unos pícaros, te ofrecen pan y luego te cobran un  suplemento.

Los puntos en la pantalla llena de colores de neón empezaron a bajar. Y siguieron descendiendo cuando llegó la cuenta y verbalizó sin miedo:

—Salimos a treinta euros por barba.

Bueno, gano dinero, soy una mujer independiente, no queremos feminismo…pues toma feminismo.

Tras la cena, paramos en la heladería, yo no tenía antojo de helado, pero le acompañé, sería digestivo y romántico tomar esos helados apeados en la fuente, frente la catedral.

—Amor, puedes pagar tú, no llevo suelto y no voy a sacar la American Express.

Esto me empezaba a disgustar, pero quería que la noche acabara, confiaba en que durante lo que quedaba de velada, iría teniendo algún detalle para volver a su puntuación inicial.

Ya en mi alcoba, mi pez intentó ser tierno, tener tacto y darme el mejor placer que jamás había conocido, pero no fue así. Éramos incompatibles en el sexo y por mucho meneito y aguante por su parte, llegó un momento en el que asqueada, y me daba igual llegar al orgasmo. Le pedí que parara, que se concentrara en su propio placer, que yo no iba a llegar.

Mi pez me miró con cara inquisitiva, como si yo no fuera de este planeta. Algo no iba bien, lo supe cuando dejamos de hablar y nos dormimos. Mi pez se dio media vuelta, no me arropó con sus brazos, ni me acarició o dio un beso de buenas noches. Paulatinamente empezó a respirar fuerte y más fuerte y más fuerte…Yo miraba al techo, miraba a un lado, le veía a él, después miraba el cajón de mi mesilla. Ahí estaba mi consolador, mi fiel amigo durante estos años, con él siempre llegaba…Mi sexo pedía un masaje. Algo había quedado incompleto. Pensé; Quizás si me hago un masaje, me entra el sueño. Total, él está dormido, no creo ni que se entere y si se entera, pues que finalice el… Y así lo hice, pero quien finalizó, fui yo.

Tras mi masaje, seguía sin conciliar el sueño, la luz del sol empezaba a filtrase por mis cortinas. Asqueada de escuchar sus respiros y bufidos, me levanté y me dirigí al sofá donde jugué con el mando a distancia—Cambiando canales.

Esto no iba a funcionar. No sabía cómo decirlo, pero esto estaba ya acabado.

No tuve coraje de confesarle mis pensamientos. Como una buena anfitriona, le preparé un sustancioso desayuno, e incluso tras la digestión de este, volvimos a la cama a intentar algo parecido a la noche anterior.

Todo fue igual. Incompatibilidad sexual compulsada.

Unas horas después de despedirnos, me uní a ese grupo de gente, que detesto que se deja o humilla o confiesa por whatsapp, diciéndole:

—La verdad, es que he tenido mejor sexo en muchas otras ocasiones.

Mi pez se sintió atacado, con su ego herido, montó en cólera, comenzó a humillarme a decir que él también, además, empezó a redactarme ejemplos de sexo en un ascensor e incluso en plena calle… Dijo que yo era una frígida, que había escuchado el sonido de mi vibrador aquella noche y le había decepcionado sobremanera.

Sentí pena por haberme ilusionado por haber creído que por fin hallaba la ecuación del amor.

Esa misma noche, recordando que el mar estaba lleno de peces, volví a navegar por la red, para mi alivio…ya había tenido mi dosis de sexo…

Pero entonces, mirando la pantalla pensé: ¿A quién saludo? ¿Con quién debo de sentirme motivada? Desde entonces hasta hoy, el ritmo de navegación por las redes, empieza a bajar. No tengo ganas de citas. Ni de estrenar vestidos, ni de intuir quien pagaría la cena, ni  de declarar el sexo como juicio final a las relaciones.

Ahora me siento como en una perfumería después de haber olido cuantiosos perfumes. Ando mareada, ya no identifico el olor a amor, el olor a erotismo… ¿Cómo era el perfume del fantasma? Me he confundido, he adquirido el Eau de fantoche pensando que era el AcqailAmore. Dije a todas mis amigas que este perfume era AcqailAmore…cuando se trataba de Eau de Le Fantoche. Ando perdida con tantos nombres, con tantos perfiles. He jugado desde casa a dos bandas, tres bandas y a veces cinco bandas. Tonteando, contándole mis cosas a cada uno de ellos. Cada día mi hocico se volvía más sabueso y daba con las ecuaciones para formar parte de mi corazón.
¿Eres guapo?, mente vacía y superficial. ¿Eres inteligente?, pero tú rostro o cuerpo es imperfecto, o no se solapa con el mío. ¿No tienes trabajo?, pues no me interesa compartir una sola palabra contigo. Pero, ¿Es así como se hacen las cosas?

Creo que, dentro de 10 años, los universitarios, estudiaran el triste caso de las mujeres bellas e independientes, eternamente solteras que con la crisis del Siglo XXI vivieron otra crisis; la del amor. Se reirán de aquellos ingenuos abuelos que les relatan cómo antiguamente, se ligaba en la calle, en la cola para sacarse el DNI o en la discoteca. Y como, llamaban a casa de sus padres, porque no existía el móvil.

Ahora sé hacer muy bien una cosa y quizás comience a lucrarme de ello; ¿una patente?, ¿un servicio adicional? Sí. Tras mi experiencia ha nacido: “EL CURRICULUM CITAE”.

Así que damas, explíquenme sus necesidades, pero no me pidan sugerencias. He perdido el olfato y las ganas de seguir olfateando

Por que también hay que saber presentarse antes de una cita.
Ilustracion: Ilustración: Girl,de Diego Fernandez

 

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