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El gran secreto para elegir pareja

Resulta algo inexplicable, algo innato, algo que estoy convencida de que nuestras madres, si pudiesen saber cómo, nos lo quitarían de la cabeza. Pero sucede; es increíble como ancestralmente, sin que nos digan cómo ni porque, desde que somos unas mocosas que jugamos a casarnos con nuestro amiguito de clase y vamos paseando la muñeca con el carrito. Sentimos que algún día, deberemos ser algo de alguien. Pero no solo eso. Además, nos hacemos a la idea de que a ese alguien, habrá que domesticar, si, como si viniera de un zoo, como si fuera el mismo Tarzán…

Por eso, nos gustan tanto los retos cuando nos enamoramos. Por eso aunque encontremos a un niño vestido de hombre, aunque nos reencontremos con el primer amor después de quince años y este siga igual de memo, mordemos la manzana del amor imposible.

Unas células a las que con el permiso de la ciencia las llamo “las células Troya”,  en nuestro interior se despiertan y nos dicen:

—No pasa nada, yo lo salvaré. Yo le ayudaré, yo le haré madurar.

Las células Troya, nos dan al mismo tiempo, coraje, alegría, fuerza, para estar un año y dos y una década educando a esa persona, que a nuestro modo de ver, es el perfecto diamante por pulir…

Pero estas células, tiene sus daños colaterales: Cuando vemos que no pudimos  salvarle, cuando nos damos cuenta de que con cuarenta años, no conseguimos destetarlo de su madre. Cuando nos damos cuenta de que, no hubiera hecho falta invertir tanta delicadeza y dulzura por salvar a aquel imposible…. tienen sus lodos  de aquellos polvos…estas células, dejan a la mujer hecha un trapo y con ella, las células mueren.

Es entonces cuando nos damos cuenta de que nuestro querido ex…Solo tiene una P. La P de Pringao. Es entonces cuando la mujer se regenera y mira al espejo diciéndose: Para que narices, perdí mi tiempo con aquel P de pringao… ¿Por qué no veía lo que todos veían? ¿Por qué fui tan imbécil?

Y lo peor de todo es que la historia se repite… y se repite…por que por desgracia, esta actitud está grabada en nuestras células desde que la mujer andaba erguida.

Pero llega un día, en el que una aprende que no está para perder el tiempo, que para algo inventaron los juguetes de evasión… es entonces, cuando debe usarse mi remedio infalible:

¿Cómo evitar volver a caer? Además, esas células Troyanas…son sutiles, como las de una ex fumadora o una ex alcohólica, puedes caer de la forma más tonta… Siempre seremos  unas ex troyanas.

Tras haber vivido la experiencia en primera segunda y tercera persona y hacer un profundo escrutinio con mujeres de todas las edades, me permito el placer de compartir con vosotras el gran secreto, si, un gran secreto,¡¡¡ a ver si me hago tan famosa como los que escribieron el secreto!!!  Lo primero de todo: Fuera retos ¡¡¡Olvídate de ser su salvadora y su Madre Teresa!!!!!

Para saber elegir un hombre en nuestra vida debemos ceñirnos a las tres P. El hombre debe cumplir las tres P. (¡no seas malpensada! ¡No voy por ahí!)

La P. de Proveedor: Un hombre debe ser generoso. Mucho más ahora que la mujer está sobradamente preparada para trabajar e incluso ganar más dinero que el hombre. Quédate con esta copla: Un hombre debe invitarte en la primera cita. Si quiere una segunda y tercera cita; más le vale invitarte, porque de no hacerlo: ¿Qué poca generosidad empieza a mostrar? ¿No crees?  Así que si en esa primera cita no te invita…ya sabes cómo será la vida con el… Eso de que, a medias, feminismo….vamos de guay… ¡No, no me vale!

La P. de Protector: A las mujeres nos encanta que nos protejan, que nos cuiden y mimen, nos arropen con una manta si nos quedamos dormidas en el sofá…bueno, chicas, creo que no hace falta que me explaye demasiado en esta P.

La P de Preñador: No os asustéis con esta P. No, no estoy pidiendo que os preñen. Ni mucho menos. De hecho, yo hago el escrutinio con estas tres P´s y no quiero que me preñen. Aquí pretendo hacer hincapié en que no todos los hombres están dispuestos a ser padres, no todos tienen esa sensibilidad y capacidad de querer a un vástago de su sangre. La vida está llena de ejemplos. Seguro que mientras lees esta entrada, viene a tu mente la historia de alguna mujer que tras quedar en cinta, fue abandonada por su pareja, o peor, tras años de convivencia, este desapareció y vivió su vida como si no tuviera hijos.

Bueno, hay que admitir que no solo se valoran las variables Ps. También debemos valorar que nos traten bien, nos respeten,  sean sinceros, divertidos, buenos amantes… La verdad es que todo se complica… Pero creo que una vez hayas diezmado a la célula  Troya, ya no sucumbirás a cualquier reto imposible que te desgaste.

 

 

 

 

 

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