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Los hombres (a veces por desgracia) siempre vuelven.

Es un libro que leí hace unos años. Con el corazón roto, deseando que aquel poeta volviera…

Y… No volvió.

Sin embargo, este hecho no desvirtuó dicha profecía, más que nada porque nunca ignoré los paréntesis (a veces por desgracia) y en aquel caso, no se cumplía de todo el augurio.

El tiempo, le dio la razón a esta frase.

Mirad, de paso, os voy a dar el lujo de contaros por qué mi novela se titula “sobre las estrellas dibujé mi destino”.

Cuando tenía diecisiete años, estaba locamente enamorada de un chico que vivía fuera de mi provincia. A pesar de mandarnos preciosas cartas (de nuevo me enamoraba por su texto, cosas de escritores) este joven adolescente, pasó de mí de la noche a la mañana, dejando mi corazón roto. Mi deseo frente a las estrellas fue, pedirle que cuando nos hiciéramos mayores, el destino nos uniera accidentalmente.

Cuál fue mi sorpresa dieciséis años después, cuando el señorito en cuestión, se plantó en la puerta de mi casa— según él, iba camino de Murcia y Valencia le pillaba cerca— Yo, que sigo manteniendo mucho de mi adolescencia, estaba hecha un flan con su visita, soñé soñé y seguí soñando en la posibilidad de que fuera mi príncipe azul. Meses después, el destino, me trajo a Barcelona, la ciudad de este señorito. Y pude conocerle, volver a besarle y descubrir, que era una ranita, bueno más bien un sapo asquerosillo.

Pensé en la frase: Los hombres (a veces por desgracia) siempre vuelven.

Y hoy, de nuevo, alguien llamo a mi puerta (bueno a mi perfil de Facebook) Alguien con un alter ego raro y una foto con pocas pistas.

Su mensaje: Cuánto tiempo, que bien te ha tratado la vida.

Justo este otro señorito, fue en su tiempo un hueso que me interesaba roer, hará aproximadamente una década y que me dio calabazas.

Después de una década…una piensa: ¿hijo, a estas alturas? Bueno, nunca es tarde…Aunque mi experiencia me dice, que todo lo del pasado, no es nada bueno.

Es como volver al vómito de aquella primera fatídica borrachera…

Pero en el fondo, a una le da un subidón que no veas…

Así que la teoría de Penelope Parker en su libro. Es real. Ellos siempre (por desgracia) vuelven.

¿Para qué? ¿Para ver que quedó de nosotras? ¿Para ver si todavía pueden re-encender aquellas brasas que dejaron?

¿O quizás lo que les enganchó, fue nuestra intensidad por amar?

Creo que tiene que ver con la forma que ambos sexos adoptamos a la hora de amar o sentir cierta atracción.

Lo que sí sé, es que solo debe quedar como un triunfo, una medalla…Pero nunca como una segunda oportunidad. Porque en el momento en que les abrimos las puertas, estamos deseando mirar atrás. Y obstaculizar nuestro bello camino por explorar.

Pero en fin, da subidón, pensar que después de una década, o casi dos, esas personas quieran hacer chas y aparecer a tu lado (como decía la canción)

Y si encima, sirven de excusa, para el título de una novela…mejor que mejor.

Si me permitís un consejo…no obviéis los paréntesis en cualquier texto.

 

 

 

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